Como el agotamiento es un síndrome compuesto por una colección de síntomas, el diagnóstico preciso de este estado de disfunción es un desafío. Según la Organización Mundial de la Salud, el síndrome de agotamiento ocurre por el estrés crónico mal gestionado en el lugar de trabajo (Organización Mundial de la Salud, 2019) (Kakiashvili et al., 2013).
A diferencia de la depresión o la ansiedad, que tienen una lista específica de criterios, el síndrome de agotamiento no los tiene y, de hecho, puede presentar síntomas similares a la depresión y la ansiedad. Del mismo modo, hasta la fecha, no hay una definición autoritaria para el agotamiento, mientras que la depresión está definida por el DSM-5 (Kakiashvili et al., 2013).
Aunque el foco del síndrome de agotamiento se batalla en relación con el lugar de trabajo, hay diversas variaciones de esta disfunción que pueden aplicarse en otras áreas de la vida de un individuo. Las investigaciones han abordado el agotamiento en el lugar de trabajo para ayudar con la implementación de programas corporativos de gestión del estrés (Hepburn et al., 2021). Sin embargo, el agotamiento también se ha discutido en la literatura dentro de otras dimensiones de la vida diaria, incluyendo las relaciones, el cuidado, el aprendizaje y la crianza (Bauernhofer et al., 2018; Kang & Choi, 2022).
Independientemente del entorno, los pilares del agotamiento siguen siendo los mismos, e incluyen agotamiento, alienación y rendimiento reducido. Un desglose holístico de esta disfunción destaca el papel del estrés como factor clave. Esto resulta en que el individuo se sienta agotado de energía (o exhausto), con una distancia mental aumentada del trabajo, cinismo hacia su trabajo y eficiencia profesional reducida.
Además, una característica clave del síndrome de agotamiento es la pérdida de regulación del sistema límbico que puede afectar la actividad y función neural. Esto conducirá a un rendimiento mental deficiente y depresión no melancólica (Eriksson et al., 2022). Las investigaciones indican que este tipo de depresión incluye el metabolismo de la glucosa desregulado como parte de su perfil (Eriksson et al., 2022), lo que aumenta el riesgo de síndrome metabólico o diabetes tipo 2 en la vida posterior.
SEÑALES FÍSICAS DEL AGOTAMIENTO:
- Trastornos del sueño
- Dolor de espalda
- Falta de energía
- Incapacidad para recuperarse
- Inquietud
- Sensación de debilidad
- Mala concentración
- Capacidad física pobre y falta de impulso
- Dolor crónico
- Problemas cardiovasculares funcionales
- Problemas gastrointestinales
SEÑALES EMOCIONALES DEL AGOTAMIENTO
- Problemas de memoria y concentración
- Incapacidad para tomar decisiones
- Miedo al fracaso
- Indiferencia y aburrimiento
- Desilusión o desesperación
- Amargura
- Sensación de falta de reconocimiento
- Umbral bajo de frustración
- Resiliencia emocional reducida
- Cambio en la auto-percepción
- Tolerancia reducida
Factores de Riesgo: profesiones particulares han sido asociadas con el agotamiento, tales como: enfermería, paramédicos, profesores, practicantes, abogados, médicos y policías. (Ciobanu et al., 2021; Cohen, 2013; Organización, 2019). Estos profesionales son dedicados, adictos al trabajo, dispuestos a trabajar horas extras y pueden poseer un pronunciado ‘síndrome del ayudante’ (Kelly & Hearld, 2020; Kunno et al., 2022). Investigaciones indican que los factores de personalidad de autopercepción negativa son un pronosticador del agotamiento (Vries et al., 2022).
Un estudio transversal de 2020 destacó que las mujeres tienen un mayor riesgo de desarrollar el síndrome de agotamiento, independientemente de su estado socioeconómico, acomodo residencial o nivel educativo (Kunno et al., 2022). Se considera que un mal ambiente laboral impulsa este síndrome, junto con el trabajo por turnos o las horas de trabajo variables (Cohen, 2013; Lu & Ratnapalan, 2023).
Estrés y Síndrome de Burnout: ¿Cuál es la conexión?: diferentes personas expuestas al mismo nivel de estrés, pueden tener respuestas diversas, y recolectar datos objetivos sobre el estrés puede ser un desafío para muchos investigadores (Kunno et al., 2022; Vente et al., 2015).
Se ha sugerido que el estrés está relacionado con la percepción que tiene un individuo de la vida, lo que determinará si es manejable o inmanejable (Ogunyemi et al., 2022). Las investigaciones indican que la percepción del estrés es influenciada por la cantidad de cambios que ocurren, la confianza en manejar problemas y la imprevisibilidad en la vida (Ogunyemi et al., 2022).
La personalidad juega un papel vital en cómo un individuo reacciona a su entorno. Una persona que percibe el mundo como inseguro, angustiante y amenazante, puede tener un alto nivel de neuroticismo. Los estudios han demostrado que este rasgo es una característica central del agotamiento y un pronosticador común de todas las dimensiones del agotamiento (Golonka et al., 2019).
Durante el estrés, se producen una serie de reacciones fisiológicas en el cuerpo, comenzando desde el hipotálamo a través de la glándula pituitaria hasta las glándulas suprarrenales. Esto se conoce comúnmente como activación del eje HPA o respuesta al estrés. Esto puede llevar inicialmente a una activación excesiva del eje hipotálamo-pituitario-adrenal (HPA) y del sistema nervioso simpático (SNS) (Ciobanu et al., 2021; Spencer & Deak, 2017; Vente et al., 2015). Esto puede afectar la respuesta biológica a una situación estresante, alterando la producción de neurotransmisores y hormonas.
Sistema de Respuesta al Estrés: el estrés continuo fomenta la activación continua de la respuesta al estrés, promoviendo cambios inflamatorios en el cerebro y llevando a una alteración del ánimo (Foster et al., 2017; Medic et al., 2017). Además, las situaciones estresantes pueden cambiar la arquitectura neural (Musazzi et al., 2015). Esto puede llevar a una reducción de la densidad de neuronas en el córtex prefrontal y el hipocampo (Musazzi et al., 2015), lo que reducirá la capacidad de una persona para manejar estresores adicionales (Klier & Buratto, 2020).
Copilotos de la respuesta al estrés: GABA y Cortisol: las exploraciones indican que pueden ocurrir cambios en los neurotransmisores hormonales, dependiendo del tipo de estrés (Kakiashvili et al., 2013). Por ejemplo, el estrés emocional aumenta los niveles de norepinefrina, cortisol y ácidos grasos libres en el estado agudo, mientras que el estrés crónico conduce a niveles reducidos de cortisol y un estado de agotamiento (Kakiashvili et al., 2013).
Ácido Gamma-Aminobutírico (GABA): el GABA es un neurotransmisor inhibitorio crucial en el sistema nervioso central (SNC) (Nasir et al., 2020). Se produce a partir del aminoácido glutamato con nutrientes cofactores necesarios: vitamina B6, zinc y hierro. El equilibrio entre los niveles de glutamato y GABA apoya la actividad cortical óptima (Jie et al., 2018). La actividad cortical controla sensaciones, percepciones, memoria, asociación, pensamiento y acción física voluntaria. La desregulación de la producción de GABA se ha debatido en la literatura como una característica clave del síndrome de agotamiento (Jie et al., 2018; Jonsdottir & Dahlman, 2019; Kakiashvili et al., 2013)
Niveles óptimos de GABA son necesarios para moderar el estrés mental y físico. Se ha demostrado que el estrés disminuye la producción y la neurotransmisión de GABA (Jie et al., 2018; Nasir et al., 2020). El estrés crónico, agudo o severo disminuye el ciclo glutamato/GABA, lo que conduce a la hiperexcitación neuronal (Liu et al., 2018), aumentando la susceptibilidad del individuo al estrés, la ansiedad, la depresión y la desregulación del sueño.
Períodos prolongados de estrés pueden aumentar los niveles de glutamato y noradrenalina dentro del cuerpo, lo que lleva a un aumento del disparo neuronal dentro del sistema nervioso central (Kakiashvili et al., 2013). Esto es especialmente relevante para el síndrome de agotamiento, ya que hay una liberación excesiva de glutamato y una actividad prolongada del HPA y SNS (Liu et al., 2018). Esto conduce a la inflamación dentro del SNC y está vinculado a cambios disfuncionales en la producción de neurotransmisores (Liu et al., 2018).
La reducción de los niveles de GABA y serotonina se correlaciona con el síndrome de agotamiento (Yao et al., 2018). Además, uno de los muchos roles de la serotonina es estabilizar los ánimos cuando está en niveles adecuados.
Cortisol: el cortisol regula la respuesta al estrés, la respuesta inflamatoria y la regulación del azúcar en sangre (Ciobanu et al., 2021; Spencer & Deak, 2017).
La cantidad de cortisol presente en la sangre varía a lo largo del día, con el nivel más alto presente en la mañana temprano, y el nivel más bajo alrededor de la medianoche, o 3-5 horas después del inicio del sueño (Ciobanu et al., 2021). La capacidad del cuerpo para liberar cortisol se ve afectada por los ciclos de luz/oscuridad del ambiente (Ciobanu et al., 2021). Esta información se transmite desde la retina hasta los núcleos supraquiasmáticos apareados en el hipotálamo (Koushan et al., 2013). Esto destaca la importancia de regular la exposición a la luz solar y la luz azul (LACK et al., 2007; Sharkey et al., 2011; Stringham et al., 2017).
La desregulación del azúcar en sangre es un aspecto importante del agotamiento (Kakiashvili et al., 2013; Kunno et al., 2022). El cortisol impide la función del receptor GLUT4, reduciendo el movimiento de la glucosa a través de la membrana celular (Jonsdottir & Dahlman, 2019; Klier & Buratto, 2020; Spencer & Deak, 2017). Además, la presencia de cortisol en la sangre resulta en un aumento de la gluconeogénesis hepática (Jonsdottir & Dahlman, 2019; Klier & Buratto, 2020; Spencer & Deak, 2017). Estas características impulsan un aumento en la cantidad de glucosa circulante en el torrente sanguíneo.
Cuando la cantidad de cortisol en la sangre es suficiente, el hipotálamo y la pituitaria liberan menos hormona liberadora de cortisol (CRH) y hormona adrenocorticotrópica (ACTH). Esto asegura que la cantidad de cortisol liberado por las glándulas suprarrenales esté equilibrada con precisión para satisfacer las necesidades diarias del cuerpo.
El exceso de cortisol, debido a la activación persistente del eje hipotálamo-pituitaria-adrenal, se unirá a los receptores en el hipocampo (Vente et al., 2015). Esto puede afectar la memoria de una persona, el aprendizaje y la regulación emocional, y puede amplificar la respuesta al estrés debido a una mayor sensibilidad al factor estresante.
Los investigadores evaluaron los patrones de cortisol salival de los participantes diagnosticados con ansiedad, depresión y síndrome de agotamiento (Kakiashvili et al., 2013), y concluyeron que hay una diferencia clave en los patrones de cortisol que puede ayudar a determinar el curso de acción necesario para apoyar al cliente. Un agotamiento severo presenta un nivel reducido o un menor aumento, en la respuesta al despertar, del cortisol (CAR), niveles más altos de dehidroepiandrosterona (DHEA) y una relación cortisol: DHEA reducida (Kakiashvili et al., 2013). Esto está en línea con la presentación de disfunción del eje HPA.
Además, como se notó que los antidepresivos reducen el nivel de cortisol, estos investigadores recomendaron evitar los antidepresivos para el manejo del síndrome de agotamiento (Kakiashvili et al., 2013). Esta investigación aboga por el uso de pruebas de cortisol salival para evaluar el estado del Síndrome de Agotamiento en un individuo.
Manejo del Síndrome de Agotamiento
Como se ha destacado, este síndrome implica una condición interconectada que parece afectar al sistema nervioso y endocrino. Apreciar la activación de aspectos inflamatorios e inmunes nos recuerda la necesidad de incluir una diversa gama de nutrientes, que pueden ser necesarios para el individuo. Las interrupciones del sueño, la falta de alimentos ricos en nutrientes y una mala salud digestiva pueden ser factores adicionales a considerar. El efecto combinado de estos problemas puede llevar a un individuo agotado.
Considere un adaptógeno para apoyar la respuesta del individuo al estrés.
Un aspecto clave de los adaptógenos es fomentar la homeostasis dentro del cuerpo. Los adaptógenos no bloquean la respuesta al estrés y reducen los efectos de montaña rusa de subidas y bajadas extremas del cortisol (Hoffman, 2003). Tienen el potencial de promover la vitalidad, la estabilidad, mejorar el rendimiento y estabilizar el ánimo (Bone & Mills, 2012; Braun & Cohen, 2014; Hoffman, 2003). Hay buenas evidencias para el uso de Ashwagandha, Ginseng Siberiano, Panax Ginseng y Rhodiola en individuos que sufren de agotamiento (Panossian et al., 2012).
- Rhodiola rosea: un tónico para aumentar la resistencia y la fuerza física y mental. Originaria de Asia, Norteamérica y Europa, esta planta ayuda a normalizar la producción hormonal del eje HPA, en particular el cortisol (Panossian y Wikman, 2009). Además, puede regular (a la baja) la enzima que descompone las catecolaminas (COMT) (Panossian et al., 2012).
- Desencadena la producción del neuropéptido Y (NPY) relacionado con el estrés, que a su vez aumenta la tolerancia y adaptación al estrés. También aumenta la producción de Hsp70 (Panossian et al., 2012), que es una proteína clave para inhibir la síntesis de óxido nítrico inducido por el estrés (Fernández-Fernández et al., 2017).
- Ashwagandha (Withania somnifera): es un tónico ayurvédico que puede mejorar la salud física y mental (Bone & Mills, 2012; Braun & Cohen, 2014; Hoffman, 2003). Diversos estudios indican la capacidad de ashwagandha para ayudar con la regulación de los sistemas gabaérgico y colinérgico (Murthy et al., 2022). Hay una fuerte evidencia de su reputación para contrarrestar la hiperactividad del eje hipotálamo-pituitaria-adrenal (HPA) inducida por el estrés, que puede interrumpir la producción de melatonina (Lopresti et al., 2019). Esto sugiere que tiene un papel en fomentar el sueño reparador. Además, se ha demostrado que puede mitigar el pico de cortisol de la tarde, a menudo visto en individuos estresados con problemas para iniciar el sueño y disturbios del sueño (Lopresti et al., 2019).
Ácidos Grasos Omega 3: aunque comúnmente se refieren a ellos como ácidos grasos esenciales, el ácido docosahexaenoico (DHA) y el ácido eicosapentaenoico (EPA) técnicamente no son esenciales, ya que pueden formarse en el cuerpo a través de la conversión del ácido alfa-linolénico. Sin embargo, este proceso de conversión puede ser muy lento e inadecuado en ciertas circunstancias. Las grasas saturadas elevadas en la dieta, el colesterol, los ácidos grasos trans, la deficiencia de proteínas, una dieta rica en glucosa, el alcohol, la adrenalina, los glucocorticoides, la edad, la diabetes y las deficiencias de piridoxina, zinc y magnesio pueden inhibir las enzimas desaturasas requeridas para la formación endógena de EPA y DHA (Braun & Cohen, 2014; Liao et al., 2019).
Los ácidos grasos poliinsaturados omega-3 han sido considerados esenciales para el desarrollo y la función del cerebro. El DHA y, en menor medida, EPA, se encuentran principalmente en las membranas nerviosas e influyen en la fluidez, la señalización celular y las vías inflamatorias (Dyall y Michael-Titus, 2008). Además, un estudio de intervención reciente, que utilizó una combinación de EPA (1200 mg/día) y DHA (800 mg/día) durante 52 semanas con más de 50 profesionales sanitarios junior, demostró una reducción en los trastornos del ánimo, incluyendo el síndrome de agotamiento (Watanabe et al., 2018). Asimismo, los ácidos grasos omega 3 juegan un papel vital en la regulación del azúcar en la sangre y la inflamación. La disfunción de ambos son características adicionales del síndrome de agotamiento.
Bálsamo de Limón (Melissa officinalis): ha sido utilizado tradicionalmente por los herboristas como antiespasmódico, antidepresivo, antihistamínico y tónico nervioso (Braun y Cohen, 2015). A menudo se indica para la excitabilidad nerviosa dentro del organismo y el ánimo bajo. La investigación indica que inhibe enzimas claves involucradas en la descomposición de la serotonina y el GABA (Braun y Cohen, 2015), resultando en un aumento de la disponibilidad y los efectos reguladores del ánimo de estos neurotransmisores. Un estudio piloto usando un extracto estandarizado indicó una mejora significativa en trastornos de ansiedad de leve a moderada, síntomas de ansiedad e insomnio en humanos (Cases et al., 2010).
L-Teanina: este aminoácido fue identificado por primera vez en 1949, y luego aislado exitosamente del té verde un año después. La L-teanina ha sido objeto de intensa investigación desde 1950, tanto en animales como en humanos, con evidencia creciente que establece su potencial terapéutico (Kimura et al., 2007). Científicamente, la L-teanina se conoce como gamma-ethylaminol L-glutamic acid, y constituye aproximadamente el 50% del contenido de aminoácidos libres del té verde.
Una gran cantidad de investigaciones ha identificado este compuesto como de apoyo al sistema nervioso, y las funciones claves asociadas con la L-teanina incluyen: mejora de la calidad del sueño, reducción de la presión arterial, la regulación de los niveles de estrés y la promoción de la relajación (Hidese et al., 2019; Jang et al., 2012; Kimura et al., 2007). Un ensayo cruzado doble ciego usando 200 mg/día demostró mejoras en la depresión, la ansiedad y la calidad del sueño (Hidese et al., 2019).
Consideraciones del Estilo de Vida: el estilo de vida es un determinante importante que afecta sus niveles de estrés, principalmente los patrones de afrontamiento negativos: drogas recreativas, alcohol, cafeína, azúcar y otras sustancias estimulantes y la dependencia de mecanismos ocupacionales o tecnológicos.
Terapias de Mente y Cuerpo: las terapias que aumentan la conciencia de la respuesta aprendida al estrés y la capacidad de modificar el comportamiento futuro en una situación estresante incluyen la consejería, la atención plena, la terapia cognitivo-conductual y la hipnosis (Cohen, 2013; Hepburn et al., 2021; Lu & Ratnapalan, 2023).
Fomentar la creatividad: grandes obras de arte (pintura, música) han sido creadas por el impulso de expresar la angustia interior, y muchas personas encuentran que este tipo de terapia les ayuda (Aggarwal et al., 2017).
Aromaterapia: un estudio de inhalación utilizando aceite esencial de lavanda aumentó la sensación de relajación en los participantes (DiGalbo & Reynolds, 2022). Los estudios de inhalación indican que aumenta la actividad de la serotonina conduciendo a efectos antidepresivos, ansiolíticos, de ayuda para el sueño y potenciadores cognitivos (Chicca et al., 2013; DiGalbo & Reynolds, 2022).
Gestión del Tiempo: evidencias han correlacionado la falta de gestión del tiempo con un aumento del riesgo y la gravedad del síndrome de agotamiento (Leo et al., 2021; Mahmoud & Rothenberger, 2019). La mala gestión del tiempo conduce a sentirse abrumado y restringe el tiempo disponible para realizar tareas. El uso de opciones de ahorro de tiempo puede tener el efecto contrario. Además, el énfasis cultural en la necesidad de “rendir”, puede tener un impacto negativo en las elecciones dietéticas, el sueño y fomentar comportamientos negativos (Cao & Naruse, 2019; Kordzanganeh et al., 2021; SUZUKI et al., 2009).
Red/Relaciones Sociales: el aislamiento social es una de las razones de la depresión y la percepción de una alta carga alostática. Las personas con una red de amigos y colegas tienden a tener menos carga alostática y mejores habilidades de afrontamiento (Barnett & Flores, 2016; Garcia-Sierra et al., 2016; Hunderfund et al., 2022; Stephenson & Bauer, 2009).
A veces se necesita un esfuerzo consciente para crear espacio en la vida de uno para actividades que mejoren las relaciones. Los sistemas de apoyo mutuo son otra forma de proporcionar apoyo y reducir los niveles de estrés.
Calidad y Cantidad de Sueño: implementar un programa de higiene del sueño es crucial para ayudar con la función del ritmo circadiano, fomentando el ascenso y la caída del cortisol y la melatonina (Sharkey et al., 2011).
Muchos clientes pueden enfrentar el desafío de conciliar el sueño debido al exceso de tiempo frente a pantallas, lo cual aumenta la exposición a la luz azul (Chellappa et al., 2017; LACK et al., 2007). La luteína y la zeaxantina muestran efectos positivos en la reducción del tiempo para conciliar el sueño y en la capacidad de mantener un sueño nocturno reparador (Juturu, 2018). Este es un tipo de carotenoide preferido por el cerebro. Además, esta combinación mejora la densidad óptica del pigmento que filtra la luz azul, permitiendo que la glándula pineal produzca y libere melatonina (Juturu, 2018).
La investigación respalda 20 mg de luteína y 4 mg de zeaxantina durante seis meses, con resultados que revelan mejoras significativas en la densidad óptica del pigmento macular, así como en la calidad del sueño, dolores de cabeza, rendimiento visual, fatiga y tensión ocular (Juturu, 2018; Stringham et al., 2017).
Ejercicio: el movimiento es necesario para la función del sistema nervioso. Debido a la depleción de cortisol vinculada con el Síndrome de Agotamiento, se alienta a los clientes a participar en actividades de baja intensidad para reducir el efecto estimulante (Grensman et al., 2018). Se fomenta un mayor enfoque en actividades de baja intensidad que favorecen una respuesta del sistema nervioso parasimpático, como el yoga restaurativo, el yoga suave, el tai chi y caminar (Jouper & Johansson, 2013; Uhlig-Reche et al., 2021).
Consideraciones Dietéticas: consuma proteínas de alta calidad (por ejemplo, carne magra, pescado, huevos, legumbres, semillas y frutos secos) con cada comida. Bajo estrés, las personas a menudo ansían alimentos ricos en carbohidratos (dulces y golosinas) en detrimento de una comida equilibrada. El estrés también induce la descomposición de proteínas del tejido muscular para sostener el combustible necesario para la respuesta al estrés. Por lo tanto, es esencial una cantidad suficiente de proteínas.
Los aminoácidos claves necesarios en la dieta son: fenilalanina/tirosina para la producción de dopamina y adrenalina, triptófano para la producción de serotonina y glutamina para la producción de GABA.
Inclusiones
Consuma una diversa gama de alimentos integrales. Cuanto mayor sea la variedad de alimentos, mayor será la variedad de nutrientes esenciales.
- Coma comidas planificadas regularmente en un ambiente relajado.
- Saltarse comidas priva al cuerpo de nutrientes.
- Comer de prisa no permite la secreción óptima de jugos digestivos.
- Masticar bien la comida.
- Recuerde que el alivio del estrés puede fomentarse con una digestión óptima para permitir una liberación y absorción adecuadas de nutrientes.
Exclusiones
- Elimine o restrinja la ingesta de cafeína, remplazándola con tés de herbales y agua filtrada.
- Elimine o restrinja la ingesta de alcohol. Tiene un efecto perjudicial en el cerebro, el hígado y la regulación de la glucosa.
- Elimine los carbohidratos refinados de la dieta. Para una mejor regulación del azúcar en la sangre, reemplácelos con cereales integrales, que contienen vitaminas B para la producción de energía y fibra para la liberación lenta de glucosa, y son mucho más beneficiosos.
El síndrome de agotamiento es una condición compleja con muchas dimensiones. Las investigaciones indican que la gestión del estrés es el punto de partida. Evaluar la ingesta dietética, los hábitos de vida y la educación y conciencia de que esta situación requerirá tiempo, paciencia y cambio, son todos aspectos importantes. Las personas que se han recuperado del agotamiento a menudo afirman que esta situación les ayudó a implementar los cambios necesarios en sus hábitos para apoyar el bienestar general en el lugar de trabajo y en el hogar.
Como con cualquier medicamento, asegúrese de verificar las interacciones y busque aprobación medica antes de utilizar los complementos alimenticios.
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